La canción judía desde sus orígenes hasta nuestros días

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Ariel Rozen. Músico y docente, Licenciado en Economía por la U.B.A. y egresado de la Midrashá Haivrit (Buenos Aires). Ha dedicado más de cuatro décadas a la educación musical en escuelas hebreas de la Red Escolar Judía (1974–2020), en los niveles inicial, primario y secundario. Se desempeñó como Director Musical de las comunidades Bet El y Fundación Pardés, y como capacitador en programas de perfeccionamiento docente del Vaad Hajinuj Hakehilatí. Actualmente dirige la Escuela de Formación Musical “CORAL” y es codirector de la Fundación ZAMIR, Casa de la Música Judía de Argentina para Latinoamérica.

Desde muy pequeño he estado ligado al mundo de la música judía. Una madre morá de shirá y cantante, el piano siempre sonando en mi casa con melodías hebreas, una morá de música en la escuela J. N. Bialik que dirigía semanalmente el Kabalat Shabat detrás de un inmenso piano de cola, los discos y cassettes que llegaban de Israel y muchas otras cosas más. Desde hace años sostengo que la música es un excelente medio para la transmisión de nuestra identidad. A través de ella podemos enseñar a niños y adultos nuestras tradiciones y costumbres, nuestra historia, introducir el idioma hebreo y conocer la vida de los judíos de Israel y del mundo entero. 

Como dice nuestra querida maestra Judith Akoschky[1]

“¿Por qué la música? Porque ocupa un lugar en la Historia de la Humanidad.  Porque es producto y creación del hombre, en su afán de trascenderse a sí mismo.  Porque en la música está la historia de los pueblos, sus creencias, sus ritos, sus costumbres… Porque con sus voces e instrumentos nos habla de diferentes épocas, distintas geografías… Porque es memoria y en viaje por el tiempo recobra presencia, renueva vigor… Porque su variada gama da cuenta de diferencias y similitudes… Porque expresa y comunica… Porque emociona y enseña… Porque en comunión con el cuerpo —gesto y movimiento— juega juegos, baila rondas, acuna sueños… Porque en alianza con el texto —guiño y complicidad— canta versos, cuentacuentos”[2].

Nuestro pueblo canta desde siempre. Canta con fervor y apasionamiento en medio de tristezas y alegrías. Porque el canto es el lenguaje del alma, su expresión más sublime. 

El pueblo canta a través de la historia, uniendo sus voces junto a la de Moisés y a la de Miriam luego de cruzar el Mar Rojo (Éxodo XV, 1-8 y 20-21) cuando proclama: “Ashira laAdo-nai  ki gaó gaá, sus verojvó ramá baiam”: Cantaré a Dios pues se cubrió de gloria arrojando en el mar al caballo y al jinete”. Y sigue expresando su alegría cuando Miriam, hermana de Aarón, toma un pandero entre sus manos y acompañada con los panderos y danzas de todas las mujeres continúa alabando a Dios.

Elevan sus cantos de triunfo junto a Débora la profetisa (Jueces V, 12) con: “Uri, uri Débora, uri, uri dabrí shir”: Despierta, despierta Débora y entona cánticos. Y también siguen a David en su victoria sobre los filisteos pregonando: “Hiká Shaul bealafav veDavid berivevotav”: Saúl castigó a miles y David a decena de miles (Samuel 1, XVIII 7).

En Tehilim (Salmos de David) nos encontramos con poemas líricos religiosos que se remontan a la época del exilio babilónico. Ahí comienza la historia de nuestra música. David toca el “kinor”, una pequeña lira de ocho cuerdas y su música se acompaña también con el arpa, la flauta, los panderos, címbalos y trompetas. Los levitas cantan en el Templo de Jerusalén, en especial el “Halel” (canto de alabanza) que forma parte de la liturgia en ocasiones festivas como Pesaj, Shavuot, Sucot y Janucá (Salmos CXIII- CXVIII).

Tenemos composiciones poéticas que expresan nostalgia por la tierra de Israel como “Shiru lanu mishirei Tzión, ¿eij nashir al admat neijar?: “Cantadnos algunos de los himnos de Sión. ¿Cómo cantaremos en tierra de extraños?[3]” corean los judíos durante su cautiverio en Babilonia. 

 “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos y aún llorábamos. Sobre los sauces en medio de ellos colgábamos nuestras arpas. Si me olvidare de ti, oh, Jerusalén, mi diestra sea olvidada”: “Im eshkajej Ierushalaim tishkaj ieminí” (Salmos CXXXVII, 1-6).

Descubrimos en Mishlé (Proverbios), máximas que nos trasmiten enseñanzas éticas y en Shir Hashirim (El Cantar de los Cantares), el poema lírico atribuido al rey Salomón, escuchamos sus versos como un himno de amor continuo. 

En el capítulo VI, 1-2 del Cantar de los Cantares, ante una pregunta a su amada: “Ana halaj dodej haifá banashim?” “¿Dónde fue tu amado, hermosa entre las mujeres?” Ella contesta: “Mi amor bajó a su jardín, a sus canteros perfumados”. 

Otro tema acreditado es aquel en que la Sulamita (mujer de Jerusalén y figura central del Cantar de los Cantares) expresa: “Kol dodí hiné ze ba, medaleg al heharim, mekapetz al hagvaot”: “La voz de mi amado he aquí que llega, saltando sobre los montes y brincando sobre las colinas.” (Cantar de los Cantares II, 8).

A través de siglos de dispersión resuena en nosotros una vasta tradición musical y litúrgica. Surgen en nuestra memoria algunas tefilot (plegarias) del sidur como: “Avinu malkeinu” “Zojreinu lejaim” “Osé Shalom” “Adón olam” y también algunas zemirot[4] como “Shalom Aleijem”, “Tzur misheló” o “Ma iedidut menujatej” que solemos cantar alrededor de la mesa de Shabat.

Cuando los judíos fueron expulsados de Sefarad (España) y de Portugal, se dirigieron a otras latitudes en Europa, Asia, África y América. Estos sefaradíes y portugueses llamados así por su procedencia siguieron trasmitiendo su liturgia enriqueciendo el acervo cultural judío con romances, melodías y poemas cantados en ladino o djudezmo[5]. “Cuando el rey Nimrod”, “Avre tu puerta cerrada”, “Tres hermanicas eran” forman parte de un amplio y conocido repertorio.

En el siglo XVIII surge el movimiento jasídico creado por el “Baal Shem Tov” que destacaba las virtudes de servir a Dios con cantos y alegría. Los jasidim popularizaron con su música de fuerte influencia rusa, rumana y húngara los bailes y canciones que entonaban con sílabas como oy-oy-oy, ia-ba-bam, ti-ri-ri-ram o ai-di-di-di-dai, posteriormente llamados Nigunim y que en nuestros días sirvieron como inspiración para numerosos músicos judíos.

Más adelante en el siglo XIX aparecen los “Klezmer». (La palabra es en realidad una fusión de dos palabras hebreas: klei-zemer, que significa instrumentos de música). Los klezmerim o klezmorim eran un grupo compuesto mayormente por músicos intuitivos que tocaban el violín, la flauta, el tambor, el clarinete o el acordeón al estilo gitano en las calles, en Purim, en ceremonias de casamientos o brit milá.

El judío tradicional de Europa solía cantarle a Dios en la “Yeshivá” y en el “Jeider”[6]. Canciones como “Oifn pripetchik brent a faierl un in shtub iz eiz[7]” nos remontan a aquella época y nos ubican en una habitación frente al calor del fogón mientras el “rebe” les enseña a sus alumnos el “Alef-beis”, el alfabeto hebreo: “Guedénktshe kinderlej, guedénktshe taiere, vos ir lernt do”. Les habla y les dice en idish: “Recuerden queridos niños, lo que ustedes aprenden aquí”.

Y en el recuerdo aparecen otras melodías: “Shá, shtil, majt nisht kain guevald, der rebe gueit shoin tantzn bald”[8]: “Silencio por favor, el rabí se apronta a bailar”,”Az der rebe Elimelej iz guevorn zeier freilej”[9]: “Cuando el rabí Elimelej estaba muy feliz”, “Unter de grininke beimelej”[10]: “Bajo los verdes arbolitos” del gran poeta nacional J.N. Bialik[11], “Kinder iorn”[12]: “Años de infancia” o aquella canción de cuna en la cual la madre mece a su hijo prometiéndole que pronto traerá a su casa pasas de uva con almendras: “Roshinkes mit mandlen”[13].

¡Períodos inolvidables del devenir de la canción judía en los finales del siglo XIX y comienzos del XX! Finalmente llegamos a Palestina, la tierra de Israel. “Eretz zavat, jalav udvash”[14]: “Tierra que fluye leche y miel” (Deuteronomio XXVI 15).

Los primeros inmigrantes que provenían de Rusia, Rumania, Turquía, Yemen, Egipto, Marruecos y Europa Occidental se establecieron en colonias y rápidamente comenzaron a construir ciudades, escuelas, fábricas, jardines y universidades. Estos jalutzim (pioneros) trajeron consigo canciones y danzas de sus países de origen y adaptaron la letra al idioma hebreo que resurgía con fuerza en aquellos tiempos de la mano de Eliezer Ben‑Yehuda[15].

La música comenzó a ocupar un lugar relevante en la vida cultural del pueblo. “Kum bajur atzel vetzé laavodá[16], ku-ku-ri-ku-riku, koré hatarnegol”: Levántate niño perezoso y ve trabajar porque el gallo está cantando, es una de las primeras canciones infantiles. Melodías bailables y baladas inspiradas en el retorno a la tierra y el trabajo como “Hiné ma tov uma naim”[17], “Hava naguila”, “Artza alinu”, “Boker ba laavodá” “Havu leveinim”, “Ki libeinu lev ejad”: Qué bueno y agradable cuando los hermanos están unidos! Vamos regocijémonos pues. A fecundar la tierra vinimos. Llega la mañana para el trabajo; denos ladrillos, nuestro corazón es un solo corazón. Todas ellas eran entonadas alrededor de la “medurá” (fogata) junto al “finyan” (cafetera en árabe) y el clásico “Hava netzé bemajol” y se danzaba el “Hora”, alguna polka, un baile jasídico, un baile árabe o tal vez un “Shérele”.

Las olas de inmigrantes que llegaron al país entre 1919 y 1939 lo hicieron estimulados por el sionismo y por el apoyo británico hacia el pueblo judío, según la Declaración Balfour[18]. Otros tantos miles arribaron desde Alemania ante la subida de Hitler al poder.

El heroísmo de nuestros hermanos frente a las  atrocidades cometidas  en la “Shoá” sigue vivo en nuestra memoria junto a las letras del poeta cuando anuncia: “Es Brent, briderlej, es brent, undzer orem shtetl nebaj brent”[19]: Hermanos, nuestro pobre poblado está en llamas”; cuando los partisanos entonan el himno: “Zog nisht keinmol az du gueist dem letztn veg”[20]: Nunca digas que este es tu último camino; cuando el pueblo marcha hacia su destino final con el “Aní maamin”[21] en sus labios expresando su creencia en Dios sentimos el mensaje de luz y esperanza que existe en el hombre gracias al cual muchas veces logra salvar su alma y otras hasta la vida misma. Y aunque en el mundo existen muchos “Zálmele”[22] que han perdido a su “mámele, tátele, Shvesterl o briderl”, el pueblo continúa cantando y construyendo.

En la segunda década del siglo XX nace la “Haganá”, una organización creada para la defensa y seguridad de la población en Palestina. Ellos expresaban el espíritu del heroísmo judío y la responsabilidad que tenían cuando marchaban cantando: “Bein gvulot bishvilím leló derej, beleilot joshejéi kojavim[23]…La maj ve lazaken, anu pó jomat maguen”: “En noches oscuras y sin estrellas y entre los caminos sin rumbo, acompañamos a caravanas de hermanos hacia la patria y somos aquí una fortaleza para el débil y para el anciano”.

En aquellos años surgen otras melodías: “Tzena, tzena habanot urena, jaialim bamoshavá”[24]: Vayan muchachas a la aldea a mirar a los valientes del cuartel, ¿“Mi ivné, ¿ivné bait be Tel-Aviv?”: Quien construirá una casa en Tel-Aviv, “Anu nihié harishonim”: Seremos los primeros. Los elencos del ejército componen canciones ligeras sobre la vida del soldado como también canciones sentimentales y románticas: “Haderej aruká”, “Moti, Moti”, “Shoshana”.

En los comienzos de la década del 40 canta el “Palmaj”[25], famoso núcleo de combate de la Haganá. Y lo hace desde el mar hasta el desierto, junto a sus armas y en guardia: “MiMetula ad Haneguev, min haiam ad hamidbar, kol bajur vatov lanéshek, kol bajur al hamismhmar”[26]: Aunque alrededor reine la tormenta, estamos a la orden en el deber. ¡Siempre nosotros, los del Pamaj! “Lifkudá tamid anajnu tamid, ¡Anu, anu Hapalmaj!”.

Después de la Declaración del Estado de Israel en 1948 se seguirán escuchando entre otras canciones: “Bearvot Haneguev”[27], “Bab el Wad”, “Haiú zmanim”, “Lamenatzeaj shir mizmor”.

Nuevos inmigrantes siguen llegando a la Tierra Prometida y nuevos poetas van surgiendo, describiendo con gran sentimiento las bellezas de Israel: el Kineret, el Hermón, el Neguev, Eilat.

Y siguen regalándonos su poesía. La gran cantautora Naomi Shemer escribe en los años 60 su canción “Ierushalaim shel zahav”[28], Jerusalén de oro, considerado como un himno de Israel. En ella describe la hermosura de sus montañas y el perfume de sus pinos al atardecer, y a través de sus palabras nos conduce con nostalgia al “Beit Hamikdash”, al “Shuk” y al “Iam Hamelaj”: Al Templo, a la feria y al Mar Muerto. Y el sonido del “Shofar” de su canción nos recuerda que nuestros sueños siguen vigentes, aunque las nubes cubran el firmamento, porque el sol siempre asomará cual oro puro a través de ellas. Y el pueblo también hace oír su voz: “Shalom, Shalom, Shalom al Israel, imrú, imrú shirei Halel”: ¡Shalom al Israel! Entonen cánticos de alabanza. ¡Paz para Israel!

Infinidad de melodías son entonadas por todos con fervor y alegría: “Sisu et Ierushalaim”, “Majar”, “Lu iehí”, “Od lo ahavti dai”, “Bashaná habaá”, “Noladti lashalom”.

Nuestro folklore sigue nutriéndose con el aporte de sus creadores y la lista de temas musicales sigue creciendo.

Y seguimos cantando, aunque el enemigo acecha. Y el pueblo que está junto al primer ministro Itzjak Rabín, acompañándolo en una manifestación por la paz aquel fatídico 4 de noviembre, une sus voces en un inolvidable “Shir lashalom”: “Tnu lashemesh laalot, laboker lahair” … “Lajen rak shiru shir lashalom”:  Dejen que el sol se eleve y el alba resplandezca. Por eso canten solo una canción para la paz.

“Veaf al pi jen, velamrot hakol”: Y aún a pesar de todo; a pesar de las guerras contra nuestros enemigos… “Lo nafsik lashir”: No dejaremos de cantar porque “Et hamanguiná hazot hi efshar lehafsik”: Esta melodía debe seguir sonando. Porque sabemos que el dulzor y la amargura forman parte de la vida: “Al hadvash veal haoketz, al hamar vehamatok”[29]. Lo seguiremos haciendo, como lo hicieron nuestros abuelos con nuestros padres y ellos con nosotros: “Ze hashir shesaba shar etmol leaba, vehaiom aní”: Y hoy soy y el que canta a las futuras generaciones porque estoy vivo. “Jai, jai, jai”.

¡Haleluia laolam! ¡Aleluya canten todos! Por el ayer y por el mañana, expresando nuestros eternos deseos de vivir en paz y en libertad con un ruego: “Uf gozal, jatoj et hashamaim, tus leán shebá lejá. Rak al tishkaj: iesh nesher bashamaim. ¡Gur lejá!”: “Vuela pichón, atraviesa el cielo y vuela por donde quieras. Pero no olvides que hay águilas al acecho. ¡Cuídate, cuídate!”.

Y con el comienzo de este nuevo siglo, no podemos dejar de mencionar las obras más emblemáticas del Proyecto Idan Raichel[30] que se destaca por su fusión multicultural (etíope, hebreo, mediterráneo) y profundidad espiritual. Allí descollan: “Boi” y “Mimaamakim”(basada en el Salmo 130 y convertida en un himno contemporáneo de la música israelí). También en la música mizrají[31] (Oriental) aparece: “Mishemaamin lo mefajed”: “Aquel que tiene fe, no teme”, convertido éste en un himno de fe y esperanza en la voz de Eyal Golan. 

Las características de la música israelí del comienzo del nuevo milenio están signadas por una fusión cultural, variedad de estilos (pop, mizrají, rock, indie, electrónica y música litúrgica contemporánea) y proyección internacional (a través de Eurovisión y plataformas digitales) donde se ve reflejada la historia, la espiritualidad y la realidad social de Israel. 

A partir de la tragedia del 7 de octubre[32] aparecen canciones de duelo, homenaje, fe, unidad y también otras más duras de enojo o guerra. La canción se convirtió en una forma central de procesar lo ocurrido, casi en tiempo real. Aparecen aquí: “Am Israel Jai”: “El pueblo de Israel está vivo”, “Hurricane” que representó a Israel en Eurovisión 2024 y hasta reaparece una vieja canción escrita por Ehud Manor en los años 80: “Habaita”: “A casa” que expresa el deseo que los rehenes vuelvan, que los soldados vuelvan y que la vida vuelva a la normalidad. 

Podemos decir que hoy la canción judía funciona como un lenguaje nacional compartido; no es solo entretenimiento: es catarsis colectiva. Nuestra música sigue emocionando, uniendo y también es el reflejo de nuestros conflictos.

  1.  Judith Akoschky es profesora de música, pianista y una de los grandes referentes de la didáctica musical infantil en el mundo hispanohablante. Fue declarada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires por su enorme aporte cultural. Es una figura destacada en la pedagogía musical de la primera infancia, conocida principalmente por su querida serie discográfica Ruidos y Ruiditos, un clásico en los jardines de infantes de Argentina y países vecinos. 

  2.  Akoschky, J. (1998). Música en la escuela, un tema a varias voces. En Artes y escuelas: Aspectos curriculares y didácticos de la educación artística (pp. 173–208). Ministerio de Cultura y Educación. 

  3.  Salmos (Tehilim), Capítulo: 137, versículos: 3 y 4.

  4.  Las zemirot (זמירות) son cantos tradicionales, generalmente en hebreo o arameo, que se entonan durante las comidas de Shabat y de las festividades.

  5.  Lengua que desarrollaron los judíos sefardíes después de la expulsión de España en 1492. Se basa en el castellano medieval, mezclado con hebreo y con influencias del turco, griego, árabe, francés y otras lenguas de los lugares donde vivieron las comunidades sefardíes.

  6.  Un jéider (también escrito jeder) es una escuela elemental tradicional judía donde los niños —generalmente varones— aprenden: la lectura del hebreo, Torá, plegarias básicas, y principios de la vida judía. Fue la forma principal de educación judía en Europa del Este durante siglos.

  7. https://www.youtube.com/watch?v=UUF-jHyEuNg.
  8. https://www.youtube.com/watch?v=V6ztOXvx6h4
  9. https://www.youtube.com/watch?v=jdrWcx8KM-A.
  10. https://www.youtube.com/watch?v=gNpo5Dp70Jo.
  11.  Jaim Najman Bialik (en hebreo: חיים נחמן ביאליק) nació el 9 de enero de 1873 en Radi, en la región de Volinia del Imperio ruso (hoy Ucrania). Es considerado el poeta nacional de Israel y una de las figuras más influyentes en la renovación de la literatura hebrea moderna.

  12. https://www.youtube.com/watch?v=VO6jIOZDv8A.
  13.  “Roshinkes mit Mandlen” es una canción de cuna en ídish, muy querida en la tradición judía ashkenazí. Su título significa “Pasas con almendras”, un alimento asociado con el cariño y el cuidado maternal. Fue compuesta por Abraham (Avrom) Goldfaden, (1840–1908) un poeta, dramaturgo, actor y compositor judío, nacido en lo que hoy es Ucrania, y es reconocido universalmente como el padre del teatro ídish moderno en el siglo XIX.

  14. https://www.youtube.com/watch?v=db6tG9c7U9k.
  15.  Eliezer BenYehuda (1858–1922) fue un lingüista, periodista y lexicógrafo judío, considerado el padre del hebreo moderno. Su trabajo fue decisivo para transformar el hebreo —que durante siglos se usó casi solo en textos religiosos— en una lengua hablada, cotidiana y nacional.

  16. https://www.youtube.com/watch?v=fBcOtKNHemc.
  17. https://www.youtube.com/watch?v=01gsy4eHZqg&list=PLlAK5gD_3m5C0qUTCzsFPJ59ZBVIPDLmL&index=2.
  18.  La Declaración Balfour fue una carta oficial emitida el 2 de noviembre de 1917 por el ministro de Relaciones Exteriores británico Arthur James Balfour. Estaba dirigida a Lord Walter Rothschild, líder de la comunidad judía británica, para ser transmitida a la Federación Sionista. En ella, el gobierno británico expresó su apoyo a la creación en Palestina de un Estado judío.
  19. https://www.youtube.com/watch?v=wR48YVl-Ric.
  20. https://www.youtube.com/watch?v=FsNlmhUAebs.
  21. https://www.zemirotdatabase.org/view_song.php?id=49.
  22. https://www.youtube.com/watch?v=aGKW1q_Ty40.
  23. https://www.youtube.com/watch?v=6BbkWKkMvfM.
  24. https://www.youtube.com/watch?v=12FmPyEqXvc.
  25.  El Palmaj fue creado en mayo de 1941 como una unidad de choque dentro de la Haganá. Su misión inicial era defender a la comunidad judía 

  26. https://www.youtube.com/watch?v=JYUh1KqtVVs.
  27. https://www.youtube.com/watch?v=96NQe2SDjxk.
  28. https://www.youtube.com/watch?v=tYBFATBAjEU.
  29. https://www.youtube.com/watch?v=X7nKYjmqL8g.
  30.  Es un proyecto musical colaborativo que reúne a artistas de múltiples orígenes —etíopes, yemenitas, árabes, sudamericanos, africanos, europeos— para crear una música que mezcla electrónica, pop, folk y ritmos tradicionales. Su esencia es la diversidad cultural y la idea de que la música puede unir mundos distintos.

  31.  La música mizrají – oriental- es un género israelí que combina elementos de música árabe, turca, griega y norteafricana, interpretada principalmente por judíos provenientes de países como Irak, Yemen, Marruecos, Egipto, Irán y otros. Se caracteriza por: melodías ornamentadas, ritmos orientales, uso de instrumentos como oud, qanun, darbuka, voces con trinos y timbres nasales o guturales.

  32.  En la mañana del 7 de octubre de 2023, durante la festividad judía de Simjat Torá, miles de terroristas de Hamas irrumpieron en territorio israelí desde Gaza por tierra, aire y mar. Los hechos clave incluyen: el lanzamiento de más de 4.300 cohetes hacia Israel, la infiltración de miles de combatientes que atacaron 21 comunidades y bases militares en el sur del país, las masacres de civiles en kibutzim como Be’eri, Kfar Aza, Nir Oz y en el festival de música Nova, el asesinato de más de 1.200 personas, incluyendo bebés, niños, familias enteras y ancianos, el secuestro de al menos 251 personas, llevadas como rehenes a Gaza.  Fue el ataque más letal contra judíos desde el Holocausto.

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