Mónica Amkie Jaber
Es académica y educadora mexicana, licenciada en Relaciones Internacionales, con Maestría en Estudios Judaicos y MBA en Educación Judía por la Universidad Hebrea de Jerusalén. Es autora de la colección La Historia Judía en el Sistema Internacional y de varios artículos académicos sobre temas judíos. Con más de 20 años de experiencia en docencia, actualmente es directora del área de secundaria y bachillerato en el Colegio Or Hajayim de la ciudad de México. Su trabajo se centra en la educación integral y en la difusión de la cultura y los valores judíos.
Voces del pacto: liderazgo y espiritualidad femenina en el judaísmo
Mtra. Mónica Amkie Jaber (México D.F., México)
Introducción[1]
Desde la antigüedad, la mujer judía ha sido una figura central en la transmisión de la Torá, en la conformación espiritual del hogar y en la perpetuación de la identidad de Am Israel. A pesar de que muchas interpretaciones clásicas se desarrollaron en marcos patriarcales, las fuentes bíblicas, talmúdicas y contemporáneas permiten una relectura más profunda y justa de su papel, destacando a la mujer como protagonista activa del devenir histórico, espiritual y educativo del pueblo judío.
Nechama Leibowitz (1991), referente en la exégesis moderna, subraya que las mujeres del Tanaj no deben ser vistas como figuras secundarias, sino como agentes morales y espirituales con voz propia. En su estudio de Shemot (Éxodo 1–2), destaca cómo las mujeres —Shifrá, Puá, Yojéved, Miriam y la hija del faraón Bitya— desafían el poder establecido desde una postura ética, salvando la vida de Moshé y, con él, el destino de toda una nación. Bitya, en particular, es valorada por el Midrash como merecedora de ser llamada «hija de D-s» por su acto de compasión.
Leibowitz también enfatiza la claridad espiritual de Rivká en Bereshit (Génesis 27) y la capacidad profética de Lea, quien da voz al agradecimiento en Bereshit (Génesis 29:35), convirtiéndose, según Berajot (7b), en la primera persona en expresar gratitud hacia D-s. Para Leibowitz, la mujer judía encarna valores como Tzedek, Emet y Jésed[2], y su estudio debe ser central en todo currículo judaico.
Este artículo analiza el papel de la mujer en la tradición judía desde tres perspectivas complementarias:
- Las fuentes bíblicas.
- Las interpretaciones rabínicas clásicas.
- Los enfoques contemporáneos filosóficos y pedagógicos.
El propósito es ofrecer una visión integral que revalorice su legado y fortalezca su presencia en la educación judía actual.
Figuras femeninas en la Torá: protagonistas del pacto
Las matriarcas —Sara, Rivká, Rajel y Lea— son arquitectas del pacto. Sara actúa con determinación para proteger el linaje espiritual de Itzjak, como se expresa: “Echa fuera a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con mi hijo, con Itzjak” (Bereshit, Génesis 21:10–12). Rivká interpreta activamente una profecía y guía a Yaakov hacia la bendición: “Dos naciones hay en tu seno… y el mayor servirá al menor” (Bereshit, Génesis 25:23), lo que justifica su accionar posterior para asegurar la primogenitura espiritual. Rajel simboliza la compasión nacional, tal como aparece en las palabras del profeta: “Una voz se oye en Ramá… Rajel llora por sus hijos” (Yirmiyahu, Jeremías 31:15–16). Lea representa una espiritualidad agradecida y consciente: “Y concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: Esta vez alabaré a D-s; por eso llamó su nombre Yehudá” (Bereshit, Génesis 29:35).
Miriam, llamada profetisa en Shemot (Éxodo 15:20) y contada entre las siete profetisas de Israel en Meguilá 14a, lidera a las mujeres con canto y fe. Déborah, jueza y profetisa (Shoftim, Jueces 4–5), representa el liderazgo valiente y visionario. Ester arriesga su vida para salvar a su pueblo (Ester 4:16), actuando con sabiduría y estrategia. Rut, figura central en el libro que lleva su nombre, es emblema de lealtad, conversión sincera y amor por el pueblo judío: “Tu pueblo será mi pueblo, y tu D-s será mi D-s”. Su inclusión en la genealogía davídica la convierte en símbolo de continuidad mesiánica y espiritual.
Judith, mencionada en la literatura deuterocanónica como símbolo de fe y valentía, ha sido recuperada en muchas tradiciones judías como modelo de liderazgo femenino. Mijal, hija de Shaúl y esposa de David, representa la tensión entre el deber personal y las normas sociales, siendo también protectora de David en momentos clave. Batsheva, frecuentemente vista desde una perspectiva pasiva, cobra protagonismo en el libro de Melajim (Reyes) cuando asegura la sucesión de Shlomó, demostrando sabiduría y agencia política.
En Mishlé (Proverbios) 31, cuya interpretación ha sido profundizada tanto por comentaristas clásicos como modernos, se sostiene que la mujer virtuosa representa la unión entre acción concreta y temor a D-s, y que su rol en la educación no es accidental, sino esencial y elevado.
Estas mujeres son modelos de resiliencia, visión y espiritualidad activa. Estudiarlas permite a las nuevas generaciones comprender que el liderazgo y la santidad no son patrimonio exclusivo del género masculino, sino llamados universales. Al analizarlas en conjunto, se revela un espectro amplio de expresión espiritual femenina: liderazgo profético, coraje moral, astucia diplomática y fidelidad inquebrantable al pacto.
Mujer y Halajá: perspectivas desde la Mishná y el Talmud
A pesar del contexto patriarcal en que fueron redactadas, las fuentes rabínicas ofrecen una diversidad de perspectivas sobre la mujer. La Mishná (Kidushín 1:1) establece normas legales del matrimonio, pero otras fuentes celebran la sabiduría femenina. Bruria, mencionada en Eruvin (53b), es reconocida por su erudición, amplitud de pensamiento y firmeza ética. La esposa de On ben Pelet salva a su marido con astucia espiritual (Sanedrín 109b). Las hijas de Tzelofjad abren un precedente legal en Bava Batra 119b al reclamar su derecho a la herencia y ser validadas por Moshé y D-s.
Ima Shalom, esposa de Rabí Eliezer y hermana de Rabán Gamliel, figura en Nedarim (20a) como mujer sabia e influyente. El Talmud también menciona a mujeres como la esposa de Rabí Yehudá HaNasí, conocida por intervenir con sabiduría en decisiones comunitarias. La figura de la yoledet, mujer que acaba de dar a luz, en contextos de tumá y tahará, también está acompañada de debates rabínicos que reconocen su estado espiritual particular. Estas narraciones muestran que la mujer, incluso en marcos restrictivos, ha contribuido al dinamismo de la Halajá y a su aplicación ética.
En Taanit (23b) se narra de mujeres quienes, gracias a su mérito, traían lluvia por su dedicación a la educación de sus hijos y su modestia. Este reconocimiento indirecto de su valor comunitario refleja una visión espiritual que valora su influencia no formal, pero decisiva.
Estas fuentes invitan a una lectura respetuosa y enriquecida de la tradición, donde la mujer es reconocida como interlocutora activa del texto y no como sujeto pasivo de normativas.
Lecturas contemporáneas: protagonismo, espiritualidad y educación
Tamar Ross (2000, 2004) sostiene que la evolución interpretativa de la Halajá debe abrirse a las voces femeninas sin abandonar la fidelidad a la tradición. “Dar voz propia a las mujeres no es una amenaza, sino una oportunidad para revitalizar la autoridad rabínica desde una base más amplia y comprometida” (Ross, 2000). En su visión, el estudio de la Torá por parte de las mujeres no solo es legítimo, sino esencial para mantener viva la dinámica del pensamiento judío.
Rabbi Jonathan Sacks (2002), en One People?, afirma: “Cuando las mujeres son las guardianas del hogar y la tradición, el judaísmo florece” . En The Dignity of Difference, aclara que la diferencia de roles no implica jerarquía, sino una colaboración que enriquece al todo. Rabbi Joseph B. Soloveitchik (1992) declara que “la mujer de fe camina junto al hombre en su búsqueda de D-s” y Rabbi Samson Raphael Hirsch señala que la mujer edifica el santuario del hogar judío, siendo guía espiritual y moral de las futuras generaciones. En su comentario a Bereshit (Génesis 18:6), Hirsch explica que la grandeza de la mujer no se manifiesta necesariamente en la esfera pública, sino en la formación silenciosa y constante del carácter espiritual de las futuras generaciones.
La perspectiva contemporánea reconoce también que las mujeres no solo son transmisoras de la tradición, sino creadoras de nuevas interpretaciones, líderes de pensamiento y educadoras de comunidades enteras. El florecimiento de midrashim, la producción de comentarios contemporáneos por mujeres y su participación en batei midrash académicos fortalecen esta dinámica.
Educación judía con enfoque integrador: hacia un currículo con visión de totalidad
Incorporar el estudio de figuras femeninas en la educación judía no solo es una cuestión de justicia histórica, sino también una estrategia pedagógica profunda. Permite a las alumnas reconocerse dentro de la tradición, y a los alumnos comprender que los valores de compromiso, fe y liderazgo espiritual son universales. Esta inclusión propone una reconfiguración del currículo, donde el análisis de modelos femeninos se convierte en vehículo de formación ética, emocional y comunitaria.
Jean Piaget (1965) subraya la importancia del desarrollo cognitivo y moral a partir de experiencias significativas. John Dewey (1916), por su parte, enfatiza que el aprendizaje debe estar vinculado a contextos reales y relevantes para el estudiante. Estudiar figuras como Rajel, Ester, Rut o Déborah permite desarrollar pensamiento crítico, identidad religiosa, empatía, sensibilidad moral y reflexión ética desde edades tempranas. La narrativa de estas mujeres ofrece situaciones históricas complejas, donde sus decisiones personales impactan profundamente en el destino de Israel.
Desde una perspectiva constructivista, el enfoque biográfico fortalece el vínculo entre conocimiento y sentido. Las pedagogías centradas en el estudiante reconocen que el aprendizaje es más potente cuando está acompañado de referentes con los que los alumnos puedan identificarse. En este sentido, la vida de estas mujeres actúa como catalizadora del aprendizaje afectivo, promueve el pensamiento profundo y sitúa a la espiritualidad como parte de la experiencia formativa. En lugar de enseñar solamente qué pensar, se enseña cómo vivir con Torá.
La educación judía contemporánea debe formar mujeres capaces de interpretar, enseñar y transformar. Como escribió Ross (2004), “la educación judía de las mujeres no es una concesión moderna, sino la continuación natural de la revelación” . Esa revelación, al igual que el Sinaí, no fue solo un momento histórico, sino una experiencia continua que hoy también exige abrir el espacio del Beit Midrash a todas las voces del pueblo.
Conclusión
La historia de la mujer judía es una historia de presencia, agencia, sabiduría y fe. Leída desde las fuentes y reencontrada en los textos, su voz resuena como una fuerza que moldea el destino espiritual de Am Israel. Redescubrir su papel no es solo una exigencia académica, sino un acto de fidelidad a la Torá viva y una afirmación del pacto eterno. Estas mujeres no fueron espectadoras, sino protagonistas de la historia sagrada.
La educación judía del siglo XXI debe asumir la tarea de devolverles visibilidad y centralidad, no como excepción sino como esencia. En ellas encontramos modelos de espiritualidad activa, liderazgo comprometido, sensibilidad profética y sabiduría silenciosa. Y como enseñó Rabbi Sacks (2002): “Sin mujeres, no hay continuidad judía. Con ellas, todo es posible”.
Referencias
Dewey, J. (1916). Democracy and Education. Macmillan.
Hirsch, S. R. (1991). The Pentateuch: Volume 1, Bereshit (Genesis). Feldheim Publishers.
Leibowitz, N. (1991). Studies in the Weekly Torah Portion. Maggid.
Piaget, J. (1965). The Moral Judgment of the Child. Free Press.
Ross, T. (2000). Modern Orthodoxy and the Challenge of Feminism. Bar-Ilan University.
Ross, T. (2004). Expanding the Boundaries: Jewish Women in Contemporary Jewish Thought. University Press.
Sacks, J. (2002). The Dignity of Difference: How to Avoid the Clash of Civilizations. Continuum.
Sacks, J. (2002). One People? Tradition, Modernity, and the Jewish Future. Continuum.
Soloveitchik, J. B. (1992). The Lonely Man of Faith. Maggid Press.
Talmud Bavli: Berajot 7b; Eruvin 53b; Meguilá 14a; Sanedrín 109b; Bava Batra 119b; Nedarim 20a; Taanit 23b.
Mishná: Kidushín 1:1.
Tanaj: Bereshit 21, 23, 25, 27, 29; Shemot 1–2, 15; Shoftim 4–5; Yehoshúa 2; Yirmiyahu 31; Mishlé 31; Bamidbar 27; Ester 4.
Midrash: Bereshit Rabbá 53:17; Eijá Rabbá, Petijá 24.
Nota de la autora: En respeto a la tradición judía, el nombre de D-s ha sido escrito como «D-s» en todo el documento.
[N. de la E.]Tzedek, Emet y Jesed – Justicia, verdad y misericordia.
