|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Felipe Canterji Gerchman es psicólogo y psicoanalista. Graduado en Psicología por la Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul (PUCRS), completó su formación en la Sigmund Freud Associação Psicanalítica (SIG) de Porto Alegre, institución de la cual es Miembro Efectivo y donde investiga la relación entre arte y psicoanálisis. Cuenta con experiencia en psicología de la salud y cuidados paliativos en la Santa Casa de Porto Alegre, y se desempeña como profesor en el Colegio Israelita Brasileiro. Como autor, ha publicado diversos artículos sobre trauma, angustia e identidad, y es organizador del libro Psicanálise e Judaísmo: do Livro à escuta.
Introducción
La expansión de las tecnologías digitales ha transformado profundamente las formas de interacción social, alterando no solo los modos de comunicación, sino también los propios límites entre lo público y lo privado. Como argumenta Han (2018), vivimos en una cultura marcada por la exposición permanente (spectare), en la cual la visibilidad se convierte en valor en sí mismo, disolviendo aquello que el autor denomina pathos de la distancia[1], condición que el filósofo considera fundamental para el respeto (respectare) y para la preservación de la alteridad. En este contexto, la vida social tiende a convertirse en espectáculo, donde todo debe ser mostrado, compartido y consumido.
Ante este escenario, emerge una cuestión central: ¿puede la tradición judaica ofrecer recursos éticos y pedagógicos para enfrentar los desafíos de la cultura digital contemporánea? Más específicamente, ¿cómo articular valores como privacidad, respeto y comunidad en un mundo que privilegia la exposición constante?
Este ensayo sostiene que, aunque la tradición judaica ofrece elementos potentes para la crítica de la lógica del espectáculo, especialmente en la valoración de la alteridad y del espacio privado, tales recursos no pueden ser movilizados de forma acrítica. Al contrario, necesitan ser reinterpretados a la luz de las tensiones contemporáneas, particularmente aquellas relacionadas con la inclusión y la educación. Para ello, se establecerá un diálogo entre las reflexiones de Han y las contribuciones de Sacks (1993), Frankel (2000), Rosenzweig (1955) y Weinstein (s.f.), buscando construir una perspectiva crítica y situada sobre el tema.
La cultura digital y la disolución de la alteridad
Según Han (2018), la sociedad contemporánea se caracteriza por una lógica de transparencia que elimina la negatividad y la opacidad constitutiva del otro. En la medida de que todo debe ser visible, compartible y accesible, desaparece la distancia que sostiene el respeto. El otro deja de ser percibido como alteridad, como sujeto dotado de una interioridad irreductible, para convertirse en objeto de consumo, reducido a aquello que puede ser exhibido y cuantificado. Para el filósofo surcoreano, la sociedad de la transparencia es, esencialmente, una sociedad de la positividad, que elimina toda forma de negatividad, incluyendo aquella distancia y opacidad que sostienen el reconocimiento genuino del otro (Han, 2018).
Esta dinámica se intensifica en las redes sociales, donde la exposición de la vida privada se convierte en práctica cotidiana y estructural. La subjetividad comienza a construirse en función de la visibilidad, y el valor de las experiencias es frecuentemente medido por su capacidad de generar compromiso y aprobación. En este contexto, la frontera entre lo íntimo y lo público se vuelve cada vez más difusa, poniendo en riesgo formas tradicionales de relación, tales como las basadas en el recato y la discreción.
Es importante notar que esta disolución de la privacidad no es meramente técnica, sino que implica un cambio de valores: el ocultamiento pasa a ser percibido como sospecha, mientras que la exposición se convierte en virtud cívica. Es precisamente contra esta inversión que la tradición judaica puede ofrecer resistencia conceptual relevante, y la educación puede demostrarse una herramienta esencial.
La tradición judaica y la ética del recato
En contraste con la lógica de la transparencia total, la tradición judaica presenta una valoración significativa del espacio privado y de la preservación de la intimidad[2]. Un ejemplo emblemático se encuentra en la interpretación clásica del versículo «Ma tovu ohaleja Yaakov» («Cuán buenas son tus tiendas, oh Jacob», Números 24:5), que, según el comentarista medieval Rashi, elogia la disposición de las tiendas israelitas de modo que sus entradas no se volvían unas hacia las otras[3]. Esta configuración espacial es interpretada como expresión de una ética del respeto a la privacidad, en la cual el buen orden comunitario presupone que no todo sea visto por todos.
Diseño para Milta: @Aiala Wengrowicz Feller
Tal principio puede ser comprendido como una forma de resistencia a la lógica de la exposición total. Al reconocer la importancia del límite y la distancia, la tradición judaica afirma que no todo debe ser visto, ni todo debe ser compartido. El recato, en este sentido, no es mera restricción, sino condición para la dignidad del otro y, por consecuencia, para la constitución del vínculo comunitario auténtico.
Esta perspectiva se articula con la reflexión de Sacks (1993), para quien la vida comunitaria judaica no se sustenta en la exposición individual, sino en la construcción de vínculos fundados en el reconocimiento del otro como sujeto de obligaciones compartidas. En su análisis de la tensión entre la conciencia moderna y la tradición judaica, el autor observa que una idea constitutiva del judaísmo es que los judíos nacen en obligaciones, lo que él distingue radicalmente de la ética liberal moderna, fundada en la elección voluntaria y en la autonomía del yo. La preservación de ciertos límites, por lo tanto, no debilita la comunidad, sino que la hace posible, pues protege aquel espacio de interioridad y responsabilidad mutua que es condición del encuentro auténtico.
En esta perspectiva, la tradición judaica ofrece no solo una crítica a la cultura de la exposición, sino un modelo alternativo de sociabilidad, aquel en el que el respeto por el otro se expresa precisamente en no querer verlo completamente. Como observa Sacks, el inclusivismo judaico, la capacidad de preservar vínculos comunitarios reconociendo al mismo tiempo la diversidad de perspectivas, solo es posible cuando existen límites que definen el espacio compartido. Sin límites, no hay comunidad; y sin comunidad, no hay transmisión.
Mapa del orden del campamento de las tribus, Livotán, año 1823. [Fuente: Rechov (Nob) Rechavin (2014), Tzomet Haaretz – La Tierra de Israel en el mapa hebreo desde comienzos del siglo XX, Instituto Yad Yitzhak Ben Zvi, p. 71
La tensión entre visibilidad e inclusión
Sin embargo, la valoración de la privacidad y del recato no puede ser adoptada de forma acrítica. Como ha demostrado Frankel (2000), las tradiciones religiosas están atravesadas por relaciones de poder que históricamente silenciaron determinadas voces, especialmente las de las mujeres. El impacto del feminismo y de los estudios de género sobre la intelectualidad judaica produjo cuestionamientos fundamentales sobre quién tiene el derecho de ocupar el espacio público de la tradición y quién permanece confinado a la esfera privada, bajo el signo de un recato que es, muchas veces, antes imposición que elección.
En este contexto, la invisibilidad no es solo una forma de protección de la dignidad; puede ser, simultáneamente, un mecanismo de exclusión y silenciamiento. Los estudios de Frankel (2000) evidencian cómo el feminismo penetró en prácticamente todos los dominios de la vida, del judaísmo y de la intelectualidad judaica, desafiando jerarquías que durante siglos fueron naturalizadas por la tradición. Este desafío a la jerarquía no es periférico a la cuestión ética, sino constitutivo de ella.
A partir de esta perspectiva, la crítica a la cultura de la exposición necesita ser matizada e historizada. Si, por un lado, la visibilidad excesiva puede reducir el otro a objeto de consumo, como argumenta Han (2018), por otro, la posibilidad de tornarse visible puede ser condición para el reconocimiento y para la participación en esferas de poder y decisión. En este sentido, se comprende que la invisibilidad no siempre es protección, pudiendo ser confinamiento.
Así, la tensión entre ocultamiento y exposición no admite soluciones simplistas. Ella revela la necesidad de un abordaje crítico que reconozca tanto los riesgos de la exposición como los peligros de la invisibilización. El desafío, por lo tanto, no es simplemente defender la privacidad en abstracto, sino examinar concretamente quién tiene el privilegio de ocultarse, quién es compelido a mostrarse para ser reconocido, y en qué condiciones el recato funciona como dignidad o como dominación. Esta ambivalencia exige una lectura de la tradición judaica que no la idealice, sino que la interrogue a partir de las demandas contemporáneas.
Educación judaica y experiencia en la era digital
Ante esto, el campo educativo se presenta como espacio privilegiado de reflexión e intervención. Como propone Rosenzweig (1955), la transmisión del judaísmo no puede limitarse a la comunicación de contenidos abstractos o a la mera instrucción religiosa formal, debiendo involucrar la experiencia viva y significativa de los sujetos. Para el filósofo frankfurtiano, lo que el momento histórico reclama no son libros o programas curriculares, sino seres humanos que sean capaces de vivir su judaísmo en plenitud y de transmitirlo a través del encuentro y del diálogo.
Esta perspectiva implica una comprensión de la educación como proceso dialógico y experiencial, en el cual el profesor no es un mero transmisor de contenidos, sino un maestro que aprende junto con el discípulo. Rosenzweig (1955, p. 69) es enfático en afirmar que solo cuando el mismo individuo puede ser oído, en la misma discusión, como maestro y como alumno, se tiene la certeza de que la persona está calificada para enseñar. Más que un método pedagógico, se trata de una concepción existencial: la educación judaica es, en su esencia, un momento vivo situado entre pasado y futuro, alimentado por la fuerza limitada del instante presente (Rosenzweig, 1955). Esta perspectiva no es solo pedagógica sino también ética y, se podría decir, una perspectiva profundamente judaica.
La concepción de la educación como encuentro vivo, y no como transferencia de información, es particularmente relevante en el contexto contemporáneo, marcado por la aceleración digital y la superficialidad de los intercambios en red. Weinstein (s.f.) ofrece un punto de partida útil al observar que la supervivencia histórica del judaísmo ha sido, fundamentalmente, un ejercicio de transmisión y desarrollo de conocimiento en condiciones adversas y cambiantes, lo que sugiere una resiliencia pedagógica que puede ser actualizada para los desafíos contemporáneos. Para el autor, el judaísmo se define no como religión, sino como cultura y práctica de vida, lo que implica necesariamente una educación orientada a la formación integral del sujeto.
Aplicado al contexto de la era digital, el proyecto rosenzweiguiano de renacimiento del aprendizaje judaico implica repensar las prácticas educativas a la luz de la cultura de la exposición. ¿Cómo formar jóvenes capaces de habitar un mundo marcado por la visibilidad constante sin perder la capacidad de respetar límites? ¿Cómo enseñar el valor de la privacidad en un ambiente que seduce sistemáticamente para su disolución? Más que ofrecer respuestas normativas, la educación judaica necesita crear espacios de reflexión crítica, en los cuales los estudiantes puedan problematizar sus propias prácticas digitales a la luz de los valores de la tradición. Esto es particularmente relevante en contextos educativos concretos, como el aula con adolescentes, donde las redes sociales desempeñan un papel central en la construcción de las identidades juveniles. En este sentido, la tradición judaica puede funcionar no como un conjunto de respuestas prontas, sino como un repertorio de conceptos y prácticas que ayudan a formular preguntas más profundas sobre la vida contemporánea: ¿qué merece ser visto? ¿Qué debe permanecer velado? ¿Quién decide?
Conclusión
El análisis desarrollado a lo largo de este ensayo permite afirmar que la tradición judaica ofrece recursos relevantes para la crítica de la cultura digital contemporánea, especialmente al enfatizar la importancia de la alteridad, del límite y de la responsabilidad mutua. Sin embargo, tales recursos no pueden ser movilizados de forma idealizada o descontextualizada.
El diálogo con la crítica feminista a la tradición evidencia que valores como privacidad y recato necesitan ser constantemente reevaluados a la luz de las demandas por inclusión y reconocimiento, pues la invisibilidad puede ser tanto protección como exclusión. Al mismo tiempo, la reflexión de Rosenzweig (1955) apunta hacia la centralidad de la educación como espacio de elaboración de estas tensiones, no una educación que transmite respuestas, sino una que enseña a preguntar.
Jonathan Sacks (1993), por su parte, ofrece un marco de referencia que permite situar el debate entre tradición y modernidad sin reducirlo a una oposición estéril. Como demuestra el autor, tanto el pluralismo moderno como el inclusivismo tradicional forman parte del problema teóricamente invisible; el objetivo del análisis crítico es, precisamente, restituir visibilidad a lo que cada perspectiva oculta. La colisión entre conciencias no es un impasse, sino el punto de partida de una reflexión productiva.
De esta forma, el desafío que se plantea no es el de rechazar la cultura digital, sino el de formar sujetos capaces de navegar críticamente entre visibilidad y resguardo, reconociendo que no toda exposición es emancipatoria y que no todo ocultamiento es protección. En este proceso, la tradición judaica puede desempeñar un papel fundamental, no como repositorio de certezas, sino como fuente de preguntas que la modernidad, por sí sola, aún está aprendiendo a formular.
[N. de la E.] El autor toma este concepto de Friedrich Nietzsche, quien lo utilizaba para referirse a la distancia necesaria para preservar el respeto y la jerarquía de los valores. Han lo actualiza en su crítica a la era digital para advertir que la transparencia y la hiperconectividad destruyen esa distancia protectora, eliminando el respeto hacia el otro y transformándolo en un mero objeto de consumo visual.
- [N. de la E.] En la tradición judía, este concepto remite a la noción de Tzniut (recato o modestia). Más allá de sus aplicaciones normativas sobre la vestimenta o el comportamiento, en la filosofía y la ética judía contemporánea se interpreta como una dimensión ontológica: la preservación de la interioridad y la dignidad del sujeto frente a la mirada pública.
- [N. de la E.] Cfr. Talmud de Babilonia, Tratado de Baba Batra 60a. La exégesis rabínica tradicional destaca que esta disposición urbana garantizaba que ninguna familia pudiera espiar la intimidad del hogar vecino, sentando un precedente legal y ético sobre el derecho a la privacidad dentro de la comunidad.
Bibliografía
Frankel, J. (Ed.). (2000). Jews and gender: The challenge to hierarchy (Studies in Contemporary Jewry, Vol. 16). Oxford University Press.
Han, B.-C. (2018). No enxame [En el enjambre]. Vozes.
Rosenzweig, F. (1955). On Jewish learning (N. N. Glatzer, Ed.). Schocken Books.
Sacks, J. (1993). One people? Tradition, modernity, and Jewish unity. Littman Library of Jewish Civilization.
Weinstein, A. M. (s.f.). Judaísmo contemporáneo y modernidad. En Creer y poder hoy.
