Al recorrer las páginas de esta edición, nuevamente aparece la hendidura que nos acompaña desde el nacimiento de Milta y que le dio origen.
El desafío que plantean estos textos es el de sostener una conciencia capaz de no traicionar la complejidad; una invitación a permitirnos los lugares ambiguos, así como a dudar frente a una realidad que se nos presenta fragmentada y, a menudo, incomprensible. Hemos aprendido que la incertidumbre no es un estado pasajero, sino la condición misma de nuestra existencia en un mundo donde los viejos pilares de autoridad y las realidades sólidas parecen haberse desvanecido.
Ese es nuestro mundo y en él tenemos que habitar.
Los autores, a pesar de no tener contacto entre ellos, coinciden en la urgencia de abandonar la nostalgia paralizante y nos instan a dejar de ser espectadores para convertirnos en constructores del presente que, para que sea significativo y resiliente, tiene que surgir de la autenticidad de nuestro ser.
El psicoanálisis, la educación, la política y el arte se dan cita para la defensa de la complejidad frente a la simplificación, el diálogo frente al griterío, el ser frente al hacer y la acción frente a la reacción.
Concentrarse en la tarea de escribir en estos días no es consigna fácil; no es solo que “cuando suenan los cañones, callan las musas”, sino que escribir requiere hoy más que nunca valentía para enfrentarse con uno mismo y con el mundo. Por eso, desde Milta estamos profundamente agradecidos a los autores que nos acompañan en esta edición, así como a los lectores.
No podemos esperar a que las circunstancias cambien; por el contrario, la idea es procurarnos momentos y espacios en medio del bullicio que tal vez puedan aportar parte de la cordura que nos está faltando.
